Como papás vivimos anticipando, ordenando, programando, chequeando, armando rutinas, todo para evitar que las cosas se salgan de control. Nos sentimos orgullosos cuando todo va de acuerdo al plan.
El control nos otorga una sensación de seguridad, confianza, certidumbre y tranquilidad; hasta que… hasta que algo u alguien lo cambia todo y las cosas dejan de salir de acuerdo al plan.
Esas interrupciones pueden ser: enfermedades, dificultades en la conducta de algún hijo, vínculos que se erosionan, pérdidas laborales…, crisis que abren camino a lo inesperado y la incertidumbre pasa a ser el cristal a través del cual comenzamos a mirar la vida.
La Dra en psicología Aoife O’Donovan, profesora del Departamento de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento de la Universidad de California en San Francisco (UCSF) y directora del Laboratorio de Investigación sobre Trauma y Salud en Inmunidad, Vitalidad y Emociones (THRIVE) de la UCSF resaltó: «Nuestro cerebro está diseñado para buscar la certeza, pero la incertidumbre es inevitable en la vida».
Es decir, la neurociencia hoy nos confirma nuestra necesidad de certezas y al mismo tiempo la certeza de lo incierto. Entonces, cuando como padres intentamos permanentemente lidiar con la incertidumbre natural de la crianza, cargando sobre nuestros hombros la responsabilidad titánica de sostener una certidumbre irreal y poco durable, nuestro sistema nervioso activa el modo supervivencia; se activa la amígdala y liberamos cortisol en grandes cantidades (hormona del estrés).
Buscamos controlar más, se reduce nuestra capacidad de pensar y razonar decisiones, nos cerramos a los cambios, perdemos la calma, la frustración asoma y el miedo se apodera de nosotros. La preocupación aflora, el enojo y la falta de quietud se convierten en los principales protagonistas de la escena y todo eso que habíamos construido con tanto esfuerzo, se derrumba en unos pocos minutos.
¿Qué alternativas tengo al control? ¿Cómo logramos ser padres resilientes que sepan tolerar la incertidumbre que genera criar y entender que lo inesperado puede irrumpir en cualquier instante?
¿Qué principios de acción me permiten sembrar y confiar que el resultado no es 100% dependiente de mí?
La Palabra de Dios nos ofrece un camino de crianza lleno de templanza, de esperanza y de confianza, no en mi propias capacidades sino un Dios que diseñó nuestro cerebro y entiende mejor que nadie, nuestra necesidad de descanso.
Es por ello que puedo confiar en que el que comenzó la buena obra.. la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.. (Filipenses 1:6). Qué mejor manera de descansar es saber que no somos nosotros los que iniciamos la obra sino que es Dios mismo quien la hace en nuestros hijos, y que tiene toda la intención y el compromiso de perfeccionarla hasta su regreso. Recibir fortaleza y saber que Él pelea por mí. Todo el capítulo 41 de Isaías nos recuerda que no tengamos temor, que no nos angustiemos, que recibiremos fortaleza y ayuda en el tiempo oportuno. Sólo tenemos que pedirlo y será hecho.
- Descansar porque Jesús mismo es mi fuente de descanso. Cuando estamos agobiados y cansados, cuando las fuerzas nos claudican y la tarea de criar se vuelve agotadora, ir a la fuente inagotable de descanso es un bálsamo para nuestra alma (Mateo 11:28-30).
- Vivir libre de preocupaciones: Algo que parece imposible, a la luz de la Palabra es posible.
- Temer al Señor, deleitarnos en sus mandamientos, son la base para ver una descendencia bendecida y poderosa en la tierra. A su vez, nuestra condición de justos nos resguarda de malas noticias, nuestro corazón puede estar seguro y confiado (Salmo 112).
- Ver el final de la historia. Recordarnos que los planes de Dios para nuestros hijos y para nosotros son de bienestar y no de calamidad, es una promesa que sostiene, nos reconforta y nos llena de esperanza (Jeremías 29:11). Criar es sembrar semillas. Una semilla que crece “sin que sepamos como” , tal como dice la parábola de la semilla que crece (Marcos 4:26-29). Nuestra tarea es ser padres que siembran, en medio de esa incertidumbre , del caos , de lo inesperado, una semilla de certeza, de fe, de esperanza y descanso.
- Estamos llamados a educar, a poner límites, a enseñar e inspirar siendo modelo y ejemplo. Esa es nuestra principal misión. Ser buenos administradores de lo que se nos entregó por heredad.
- Entender que la cosecha no depende de nosotros y que en ese punto nos toca confiar, dejar de controlar…, ceder el control a quien realmente puede hacer crecer esa semilla y lograr que de fruto a ciento por uno, no nos exime de nuestra responsabilidad.
- Necesitamos mantener el equilibrio que se establece en la ley de la siembra y la cosecha. Porque no hay cosecha sin siembra y no hay siembra sin sembrador responsable que sale a toda hora, de mañana y por la tarde, porque no sabe cuál de esas semillas será la que crezca. La invitación es a revisar qué tipo de semillas estoy sembrando.
Así que si hoy sos un padre que no sabe cómo más hacer para que sus hijos sean aquello que vos querés que sean, cuando ya se te “quemaron todos los cartuchos”, tenés la oportunidad de verlos como Dios los ve, con su potencial y con el final escrito por Aquel que los eligió desde antes de la fundación del mundo. Tomá cada uno de esos desafíos que hoy te incitan a asumir el control y llevalos a una oración de entrega y fe. Descansá, creyendo que ese hijo impaciente, será lleno de paciencia y templanza, que el desafiante será manso y humilde y que el duro de ycorazón, tendrá un corazón quebrantado y lleno del fuego de Dios.
